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El año pasado tuve la suerte de conocer Amsterdam, y apenas llegué (como debe ocurrirle a cualquier turista que visita la capital holandesa) me impresionó fuertemente la increíble cantidad de personas en bicicleta y, en contraposición, la baja frecuencia de tráfico que recorría las calles de la ciudad.

Es que Amsterdam, lejos de ser un ideal, es una ciudad ejemplar en términos de cuidado medioambiental y desarrollo sostenible. Su sistema de circulación vial contempla ciclovías en todas las aceras para fomentar la circulación ciclista en lugar de la circulación en coche.

En el día de hoy Amsterdam ha hecho públicas sus intenciones de ir más allá, fijándose el año 2040 como objetivo para reemplazar totalmente los coches a combustible por coches eléctricos, para lo cual llevará a cabo en los próximos años un ambicioso proyecto que le permita dentro de treinta años haber eliminado de sus calles los coches convencionales.

Este proyecto conlleva, además de la concientización a la población (que ya está en estado bastante avanzado) la construcción de 200 estaciones de recarga para coches eléctricos que se construirán en los próximos dos años. Además, los coches eléctricos tendrán tarifas de estacionamiento más bajas que los demás coches para así incentivar su uso por parte de los ciudadanos.

Ciudad modélica y por supuesto ejemplo a seguir de todas las capitales europeas. Madrid o Roma, por ejemplo, están en clara contraposición.